La introducción de especies en islas oceánicas está considerada la principal causa de pérdida de biodiversidad y degradación de los ecosistemas (Simberloff et al., 2013), especialmente por herbívoros invasores. Los cambios que producen estos animales en las islas son catastróficos. La mayor parte de las especies de flora endémica no tienen adaptaciones evolutivas necesarias para contrarrestar el impacto de estos herbívoros, por lo que son muy apetecibles para estos animales, cuya voracidad las lleva al borde de la extinción. Esto produce una modificación, habitualmente radical, de la composición de las comunidades vegetales, que vienen a estar dominadas por especies menos apetecibles. Esto es lo que ha concluido un estudio publicado en la revista científica Vieraea[i] del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife, donde se revela el grave impacto del ganado asilvestrado en el Parque Rural de Anaga (Tenerife).
Es bien sabido que el ganado asilvestrado constituye un grave problema en las islas Canarias, especialmente en la actualidad, ya que los ecosistemas no se encuentran en su mejor momento, debido a que han experimentado una reducción de su vegetación potencial de hasta un 73,3% (del Arco et al. 2010); y muchos estudios científicos lo achacan, mayormente, al impacto de la herbivoría.
Las cabras asilvestradas se pueden considerar como especies altamente preocupantes para la conservación de la biodiversidad y más en un territorio muy pequeño como Anaga. El ganado asilvestrado es responsable de profundas modificaciones en la composición de especies vegetales (Campbell & Donlan, 2005). Al mismo tiempo, la acción de estos animales facilita el establecimiento de especies de plantas exóticas, especialmente especies ruderales, capaces de soportar la presión que ejercen estos herbívoros dando lugar a fenómenos de competencia entre plantas endémicas y no endémicas. Su efecto negativo en algunas especies de flora endémica ha sido evaluado por diversos autores desde mediados de la pasada década en diferentes ecosistemas canarios.
En el macizo de Anaga están representadas las comunidades potenciales climatófilas que han experimentado mayor reducción de su superficie potencial en Canarias: los bosques termoesclerófilos (91,6%), el matorral costero (86,2%) y la laurisilva (88,2%) (del Arco et al. 2010), formando parte del punto con mayor biodiversidad exclusiva en la superficie más reducida de Europa. La importancia de la conservación de la diversidad biológica de este espacio es uno de los objetivos que ha dado lugar a la declaración como Reserva de la Biosfera en 2015. Por desgracia, Anaga representa también el segundo lugar de España con mayor número de especies de plantas amenazadas (del Valle et al., 2004).
Desafortunadamente, y a pesar de la singular riqueza vegetal y del elevado grado de amenaza que presenta, el ganado asilvestrado constituye un problema que persiste ya demasiados años en este espacio protegido. Así, el estudio recientemente publicado, a través de una serie de transectos, planteó conocer la proporción de especies vegetales afectadas por ganado y evaluar hasta qué punto el ganado está determinando cambios en la composición de especies debido a los daños en las plantas.
El trabajo se realizó en los caseríos de Chamorga, La Cumbrilla y Lomo de Las Bodegas en área de vegetación potencial del bosque termófilo y monteverde. Sin embargo, las dos comunidades que dominaron fueron bosques de fayal-brezal y el matorral de incienso y vinagrera, ambas comunidades típicas de territorios degradados.
Se realizó un inventario florístico clasificando las especies según su endemicidad. Además, para evaluar el efecto de las cabras se estimó su densidad mediante un recuento de excrementos, aplicando un método categórico muy sencillo y fácil de usar. Paralelamente, se analizaron los daños por cabra en cada especie de planta encontrada a través de un índice categórico. Cada especie fue analizada con detenimiento para diferenciar correctamente los daños producidos por las cabras de otras especies invasoras como el conejo. Las cabras producen cortes rectos y roturas importantes en las plantas, mordiendo gran parte de las hojas, tallos e inflorescencias. Con ello, se obtuvo la frecuencia de daños para cada especie en cada transecto.
Se identificaron un total de 151 especies de flora vascular, de las cuales 77 fueron endémicas (50,99%) y 74 no endémicas (49,01%). Las especies endémicas más frecuentes fueron la cerraja(Sonchus acaulis), el incienso(Artemisia thuscula), el tasaigo(Rubia fruticosa), el retamón canario(Teline canariensis) y el tomillo(Micromeria tragothymus), mientras que, entre las no endémicas, destacamos el brezo(Erica arborea), la tedera(Bituminaria bituminosa) y el muraje común (Lysimachia arvensis).
Se observaron daños por ganado en 65 especies (43,05%), con diferencias significativas entre especies endémicas y no endémicas. La proporción de daños en las endémicas (84,62%) fue significativamente superior al de las especies no endémicas (15,38%). Los endemismos exclusivos de Tenerife presentaron mayor proporción de daños (90,90%), seguido de los endemismos canarios (73,91%) y de los macaronésicos (68,75%) (Figura 1). Por el contrario, menos del 25% de las especies no endémicas presentaron daño.

Figura 1. Proporción de especies según su origen y el grado de afección por ganado asilvestrado en las localidades estudiadas.
De todas las especies analizadas, el 8% presentaron una frecuencia de daños del 100%, es decir, altamente dañadas, siendo todas ellas endémicas: el algaritofe (Cedronella canariensis), el cardoncillo (Ceropegia dichotoma), el tejo (Erica platycodon), la tabaiba amarga (Euphorbia lamarckii), la mosquera común (Globularia salicina), el cornical (Periploca laevigata), el balillo (Sonchus leptocephalus), la jocama (Teucrium heterophyllum subsp. brevipilosum) y la cañaheja (Todaroa aurea). El porcentaje de especies endémicas dañadas se correlacionó positivamente con la abundancia de excrementos de ganado.
En relación con las comunidades analizadas el daño por ganado asilvestrado fue diferente. La cobertura de especies endémicas y no endémicas con daño no presentó diferencias significativas en el fayal-brezal. Sin embargo, en áreas de matorral de incienso y vinagrera sí se detectaron diferencias en el porcentaje de cobertura de especies dañadas entre plantas endémicas y no endémicas.
Esto ya demuestra el grave impacto que está teniendo el ganado asilvestrado en Anaga (Figura 2). El hecho de que las especies endémicas sean las que presentan mayor proporción de daños por parte de estos animales, indica las modificaciones que el ganado asilvestrado está produciendo en la composición de las comunidades vegetales del Parque Rural de Anaga. Una exposición continua al pastoreo altera la composición de especies reduciendo la diversidad vegetal endémica. El pisoteo por parte de estos animales impide también el crecimiento de plantas jóvenes contribuyendo enormemente a la degradación del ecosistema. A ello se le suman las alteraciones en la estructura y composición de los nutrientes del suelo, lo que beneficia a la instalación y permanencia de especies ruderales e invasoras e impide el crecimiento de la flora endémica.


Figura 2. Daños provocados por el ganado asilvestrado en especies características como el drago (Dracaena draco) y el Góngaro canario (Aeonium canariense) [Fotos: Juan Luis Rodríguez-Luengo y Jonay Cubas Díaz]
Esto produce una ruderalización del ecosistema, lo que dificulta la recuperación de la flora original, incluso cuando se elimina el ganado asilvestrado. Por desgracia, tenemos suficientes ejemplos que demuestran en Canarias como la antes mencionada ruderalización se va incrementando a medida que se reduce la flora endémica.
Los efectos del ganado en las comunidades vegetales son muy rápidos. De hecho, las “apañadas” que se están haciendo ocasionan que el ganado se desplace hacia cotas más altas, alcanzando las zonas forestales que ahora están más dañadas que hace unos años. Es interesante resaltar que una de las especies estudiadas, la esparraguera (Asparagus fallax) (66,67% de daño), figura como especie “en peligro de extinción” en el Catálogo Español de Especies Amenazadas y en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, donde ya se ha puesto de manifiesto que la herbivoría es una de sus principales amenazas (Santos-Guerra, 2011). Además, es importante tener en cuenta la alta frecuencia de impactos en la tunera común (Opuntia maxima), una especie cuya dispersión vegetativa es favorecida por el ganado, lo que supone un problema adicional de competencia con el resto de especies vegetales.
Los resultados obtenidos confirman que las cabras provocan un efecto perjudicial sobre las especies endémicas. Las cabras son especies exóticas invasoras que ponen en riesgo la supervivencia de las especies vegetales endémicas, especialmente las exclusivas de Anaga, como la rejaldera (Solanum vespertilio subsp vespertilio). El daño no solo es relevante para las especies, también para las comunidades estudiadas, que no pueden alcanzar su óptimo de vegetación climatófila debido a la continua degradación del ecosistema. Conservar la necesaria actividad ganadera en las zonas rurales dedicadas a este uso no debe ir en contra de la conservación de la biodiversidad endémica y de los ecosistemas canarios. El único inconveniente son las cabras asilvestradas que campan sin control en las zonas dedicadas a la conservación de la vida silvestre.
Dado el gran problema que suponen los herbívoros, y en concreto las cabras en un espacio natural protegido, se considera prioritaria su eliminación en ellos como primer paso para la conservación y restauración de los ecosistemas insulares, así como para la recuperación de especies amenazadas. Por tanto, la eliminación del ganado asilvestrado del medio natural es un paso esencial para frenar el proceso de degradación y para proceder a la restauración de las comunidades vegetales analizadas y del conjunto del ecosistema.
[i] Pitti-Pimienta, L., Cubas, J., del Arco, M. y J. M. González Mancebo, 2025. Daños producidos por ganado asilvestrado en las comunidades vegetales del Parque Rural de Anaga (Tenerife). Vieraea, 48: 189-209.
